Reflexiones y otros datos que no caben en los medios de comunicación, pero que siempre vuelven en la mochila.

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Nadie es ilegal.

 

 

 “Triste época la nuestra…es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Albert Einstein.

© Amaia López de Munain…O que dotar a ciertos políticos de sentido común, sensibilidad, conciencia social, solidaridad, memoria, humanidad…son muchas las carencias en la política mundial, casi siempre alimentadas por votantes analfabetos en empatía, o analfabetos sin más.
No hay mas que echar un vistazo a nuestro alrededor, y si realmente no ves las deficiencias el problema lo tienes tú, o lo tenemos todo.

La marea solidaria que azota Europa durante éstas semanas es una bofetada de la sociedad a los gobiernos acomodados en parlamentos blindados ante las demandas de la población, todas, locales y ajenas. Políticos que otorgan categorías dependiendo del hambre que tengas. A menos hambre más derechos.
Pero siempre están aquellos líderes llenos de prejuicios, complejos, sin criterio alguno y a rebufo de políticas pasadas, que intentan en ocasiones con éxito, limpiar sus conciencias a base de decisiones inútiles. ¿Estoy en lo cierto David Cameron?
El Primer Ministro británico ha decidido adelantarse a las navidades y empezar su propia cruzada ante la llegada de refugiados, agotando los recursos, no vaya a ser que Bruselas le obligue a cumplir con el cupo de los 15000 asignados, que lo hará, pero un plazo de cinco años.

 La negativa inicial a la llegada de refugiados sirios le supuso críticas que le hicieron recular, los problemas en ocurridos entre Calais y Dover con la llegada de cientos de migrantes no ayudaron a mantener la poca buena imágen del Primer Ministro. Tocaba el plan B, éste pasaba por ir de la mano con el Presidente francés Francoise Hollande en coalición con EEUU y anunciar una intervención militar en Siria que acabase con la brutalidad del Estado Islámico, acólitos, simpatizantes, abonados, barbudos…y muy posiblemente civiles.
Las declaraciones de Cameron me recuerdan siempre al personaje de Poncio Pilatos de “La vida de Brian”, especialmente en la escena en la que los habitantes de Jerusalén se descojonan de su “speech”, entre la sociedad británica pasa lo mismo.
Plan C, viajar a Jordania y Líbano, campos de refugiados sirios en el Valle del Bekaa, visita express, “casual style, pasaba por aquí, ¿poso para la foto?”. El objetivo no es otro que mantener a los refugiados lejos de la flema británica, tomar una taza de té, y prometer (otra vez) ayudas económicas a las autoridades libanesas, más de 92 millones de dólares para que los sirios más pobres dispongan de libros y educación durante los próximos tres años. Así, sin despeinarse ni nada vestido de negro y sin una mota de polvo. “Quería venir aquí para ver y escuchar las historias de los refugiados y lo que necesitan” declara. Y yo doy por hecho que lo que los refugiados sirios, acomodados en sus haimas de lujo, le han solicitado es algo asi como  “mira corazón estamos de puta madre, pero si es por pedir pues unos libros para la chavalería, que se aburren mucho aquí y empiezan con tontadas sobre tener una vida digna y tal…que sean unos libros, que mi Mustafá está deseando estudiar, ir a la Universidad y graduarse en Políticas, como tú Deivid…habibi”.
Mientras la performance política continúa, buena parte de la sociedad británica mantiene la compostura, y así lo vienen demostrando las muchas campañas de solidarización y apoyo no solo al pueblo sirio, también a los palestinos, kurdos, afganos…

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Ambrose, refugiada kurda.

El pasado sábado la respuesta de la población resultó masiva, cientos de concentraciones que no entendieron de colores, nacionalidades,edades y/ o criterios políticos. Una única idea común en las mentes de los miles de participantes, “Welcome”.

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Humza Yousaf, Ministro escocés para Europa y Asuntos Internacionales, durante la concentración del pasado sábado en Glasgow. © Amaia López de Munain

Unas demostraciones cargadas de dignidad, sin florituras, promesas o caridad de apaño. Allí junto a Betty, Alaister, Morag o John estaban Alí, Faisal, Ahmed, Fatima, con la cabeza muy alta, todos esperanzados. Hubieron muchas proclamas por parte de refugiados, activistas y políticos comprometidos, porque alguno queda, a lo Corbyn.
“Cualquiera que tenga la audacia de considerar que alguien está dispuesto a cruzar el Mediterráneo, arriesgar su vida y la de su familia para vivir con un vale del Banco de Alimentos por 35 libras, debe vivir en otro planeta, en otro universo en el que debería avergonzarse de sí mismo. Estoy aquí para desafiar a toda esa gente, todos esos comentarios sobre el cupo de refugiados, sobre que no hay sitio para ellos…Voy a dejarlo claro, son nuestros refugiados, seres humanos. Espero que quede lo suficientemente claro” insiste Humza Yousaf, Ministro escocés para Europa y Asuntos Internacionales.
Y poco queda por decir, o quizá mucho. O quizá poco que decir y mucho por hacer. Ponerse en la piel y símplemente dejarse guiar por las emociones, y aunque muchos no hayan oído en su vida el sonido de un morterazo, sepan como huele la sangre seca, o hayan velado el cadaver de su bebé, os puedo asegurar que duele y mucho, siquiera como espectadora. Haced lo que os plazca, faltaría más, somos humanos ¿no?.

Meneses, tienes un mensaje.

Te llamaba “¡guapo!” con la misma chulería de chamberí que puede tener una vitoriana, mientras tú, como si de Juan Vulgar se tratase bajando de Argüelles a la cuesta de Areneros, me respondias “¡zalamera!”.

Esas cosas te gustaban, que yo lo sé. No tanto el apelativo de “Maestro”, al que tanto recurrimos aquellos que somos conscientes de que aún nos queda mucho por aprender de personas como tú. Solías decir de nosotros que éramos “pequeños saltamontes”, como el personaje de Kung-Fú, unas regañinas que realmente, nunca surtieron efecto alguno. En cambio lo que ha quedado grabado para las distintas generaciones de reporteros y periodistas ha sido tu amor al oficio, un amor vocacional, puro, no como el que hoy, tristemente, en su buena mayoría  existe. Reportero de guerra:  aventura, riesgo, molo mogollón, venid a mí followers… o como coño se diga.
Te metías en las guerras como quien va a bar para echarse un “cortao”, lo mismo te dió Egipto, Cuba que India, como hay que ser, sin zarandajas de las que se estilan ahora.  También es cierto que las pasaste canutas, pero son los riesgos de éste submundo; “acercarse a la realidad de la noticia empieza por vivir un periodismo menos divertido, pero más auténtico”, ¡que te lo digan a tí con el ejército de Batista y eso que solo viajabas a Cuba para impedir la boda de tu prima!

Foto: Guadalupe de a Vallina para Jotdown.

Enrique Meneses, cámara en mano. Foto: Guadalupe de la Vallina para Jotdown.

A todos nos quedan en la memoria esas imágenes en Sierra Maestra, éstos útimos días repetidas hasta la saciedad, las anécdotas relatadas y las frases canallas propias del oficio; “Esta es una profesión de golfos y donde constantemente está presente la aventura” mientras, el resto de golfos que aún intentamos hacer del reporterismo algo digno en un entorno donde el que cobra lleva corbata y no sabe una mierda de guerras, sonreímos de medio lado mostrando el canino. Y así seguiremos, Meneses, luchando como tú, hasta el suspiro final, hasta que la botella de oxígeno diga aquello de “finito, se acabó y a cascarla. Que os den”.

Durante éstos útimos días está todo dicho, no me voy a repetir, me despido de tí, por el momento tirándo de la memoria y acordándome de la frase de un compañero reportero: “Mientras siga habiendo buenos periodistas en España, seguirá existiendo Enrique Meneses, porque todos, el que más o el que menos lo llevaremos siempre en nuestras mochilas.”
¡No te quedan guerras que torear, MAESTRO!. Y ahora vas y me regañas otra vez.
Gracias y hasta siempre.

Ojos, guerras y preguntas.

Las noches en este rincón del Reino Unido son largas y muchas veces las estancias también. Para alguien acostumbrado o quizá mal acostumbrado, a viajar constantemente por países donde el té no se toma al estilo Miss Marple, las costumbres occidentales o en éste caso británicas, pueden llegar a ser soporíferas e incluso mortales de necesidad.
Así que entre conflicto y conflicto, suelo echar mano de fotografías, antiguas publicaciones y libros que me hablan de batallas que no he conocido, pero que vivo con igual intensidad. Al fin y al cabo, hay guerras que al igual que sus víctimas, acaban pareciéndose.
En ésta vieja mochila, ennegrecida de miseria y cicatrizada por el calor y el polvo, suele reposar un libro. Tiene tantas heridas como aquellos que lo protagonizan y tanto trote como aquellos que lo escribieron.
Como digo, hay veces que entre “sorry”, “excuse me” y flemas británicas se echa de menos un frontline en condiciones.

Photo/ Amaia López de Munain©


Quizá los que nos dedicamos al noble oficio de contar batallas no estemos muy cuerdos, quizá generalice y la que no está muy cuerda soy yo, pero es probable que a más de uno no le extrañe la sensación de llegar a casa y sentirse como un pez fuera del agua. Uno pasa los días dando bocanadas mientras echa el ojo de la primera noticia que huela a kalash, ofensivas, morteros…algunos necesitan de otras drogas para seguir viviendo.
Acabo de terminar de leer por tercera vez ese viejo libro, viejo por el estado de deterioro en el que se encuentra, no porque lo sea, al fin y al cabo la primera edición salió hace ocho años.

“Los ojos de la guerra”. Photo/ David Guttenfelder

“Los ojos de la guerra” de los Maestros Manu Leguineche y Gervasio Sánchez, es un libro homenaje a Miguel Gil, pero también es un libro homenaje al periodismo bélico y quienes día a día lo ejercitan, lo plasman y lo viven.
También es un libro que marca la diferencia entre la práctica del periodismo de guerra de hace unos años y la que se ejerce en éste momento. y es un libro reflexivo que te obliga a pensar en los errores que probablemente cometemos sin hacer absolutamente nada por subsanarlos.
Los tiempos cambian y con ellos la forma de hacer periodismo, unas veces son las tecnologías, otras veces las exigencias del mercado, otras veces las decisiones de aquellos que dirigen el cotarro desde el despacho de una redacción a cinco mil kilómetros del conflicto mas cercano, otras veces la inexperiencia de quienes cuentan la noticia y la búsqueda afanosa por decir “soy reportero de guerra”, algo que siempre ha vendido bien a la hora de presentarse ante alguien que no sepa de qué va la historia.
El releer de nuevo “Los ojos de la guerra” y el hecho de ver ésta semana el corto-documental de mi compañero Antonio Pampliega, “Paying to go to war”, me hacen reflexionar sobre la importancia que tiene para el público la cobertura de un conflicto y sobre todo me hace pensar en todos aquellos estudiantes de periodismo cuyo sueño es correr entre cascotes, sacar la mejor foto y contarlo.

http://vimeo.com/53252881

Probablemente a muchos se os acabe el sueño de un plumazo, otros, los muchos, en cuanto oigais los primeros disparos y veais vuestros primeros muertos tendreis deseos de salir de ahí cuanto antes. El resto, los que aún permanezcais os tendreis que enfrentar a cómo vender vuestro trabajo, y tras la cobertura de una guerra ajena os tendreis que enfrentar a la propia, con menos sangre pero en ocasiones con mas mala leche.
“No hay que sorprenderse si los fotógrafos de guerra están muy amargados por el hecho de que el mercado de trabajo se reduce de año en año. Tiene verdaderamente poco sentido arriesgar la vida por unas fotos, si esas fotos no llegarán nunca a publicarse” Russell Miller (Periodistaa de Columbia Journalism Review. Extracto de “Los ojos de la guerra”)
Ha sido, fué,  y será así. Los que tengais mas suerte y veais vuestras primeras publicaciones ya habreis entrado en la espiral de “ahora más” y comenzareis a dar bocanadas también desde el sofá de vuestros hogares. Quizá os llamen para conceder entrevistas, para dar conferencias, hablareis de vosotros, de la práctica del periodismo en zona de conflicto, a muchos os verán como héroes y si sois racionales os dareis cuenta de que aquellos que son los verdaderos protagonistas de vuestros artículos y fotogafías tristemente han pasado a segundo plano.
Creed en vuestro trabajo, enamoraros de él, pero tened en cuenta para qué lo haceis y sobre todo jamás perdais la perspectiva de lo que sois y de la posición que ocupais en el contexto de una noticia.
Es necesario que se entienda éste oficio y qué contemos el modus operandi y lejos de ser “celebrities” prepararos para entender que no es fácil, que se paga un alto precio, como lo pagó Miguel Gil y tantos otros compañeros, pero que también se paga un precio económico y un precio moral, tal y como cuenta Antonio Pampliega.
Cada cual de nosotros somos diferentes, ni mejores ni peores. Está el que cuenta con el denominado “ego periodístico”, necesario para la profesión y el cual envidio, y luego estamos los que de alguna manera queremos pasar inadvertidos, hay veces que por cuestiones de seguridad y otras por todo lo contrario, simple inseguridad en uno mismo y miedo a las críticas. Éstos aspectos también se convierten en pequeñas guerras internas que te hacen reflexionar si no sería mejor dar tu nombre y dejar los seudónimos de lado, solo para que alguien tenga en cuenta aquello que has publicado.
En realidad mi pregunta es, ¿sirve para algo? ¿sirve para alguien, ser los ojos de una guerra?
… cosas que se traen en la mochila.

El jabón de Alepo.

Apenas doce horas en Alepo son suficientes para reconocer una ciudad en estado de guerra de una carnicería fraticida o quizá sean suficientes unas cuantas guerras en la mochila para saber que Alepo es el escenario de la masacre más inhumana que se haya vivido en los últimos años.
Muchos comparamos la situación con lo ocurrido en Sarajavo, yo no viví esa guerra pero los detalles se asemejan a lo que en su día leímos y vimos en los medios de comunicación, los más veteranos recordarán los ataques a las colas de las panaderias. En Alepo no huele a pan recién hecho, en Alepo huele a sangre mezclada con el polvo de la destrucción. Pienso en ello mientras sorteo en vano los cascotes por los que piso y de repente huelo a jabón…el jabón de Alepo, ese jabón mundialmente conocido por sus múltiples propiedades, codiciado por los más sibaritas, codiciado como lo es la ciudad para el régimen de Basar Al-Asad…
Pienso en princesas sirias cuyos cuerpos perfumaban con la fragancia, pienso en princesas sirias cuyos cuerpos se acumulan en el hospital de Dar Al Shifa. Pienso en príncipes destronados cada día cuya sangre tiñe de rojo las calles, pienso en los ojos de mis compañeros también rojos, de cansancio, de la dureza que trae consigo la impotencia, de las imágenes que los envuelven.
Alepo sigue siendo una ciudad hermosa, una de las mas hermosas incluso bajo la destrucción, Alepo es hermosa porque resiste. Sigo oliendo a jabón.

Calles de Alepo/Reuters

La llamada a la oración desde el minarete me devuelve a la realidad, y pienso en mi dios, en ese parado de larga duración al que nunca tengo en cuenta porque se empeña en mostrarme lo mas crudo de la realidad. Inconscientemente ruego que pare esta barbarie y me oigo a mi misma diciendo basta ya.
Por un momento creo en los milagros, un pequeño permanece junto a su madre, ella lava una sábana. El crío se retira avergonzado ante la presencia de extraños y me sonríe escondido tras su madre. Me llevo su sonrisa por un rato con la promesa de devolvérsela cuanto antes, y sonrío también, porque en Alepo sigue oliendo a jabón.

Somos idiotas.

No me cabe duda.
Os diré, no tengo ni idea de cifras, ni de economía ni de lo que se cuece en las Bolsas del mundo.  Lo poco que sé de economía se circunscribe a mi cuenta corriente, que es tan corriente que a veces asusta incluso al cajero, así que olvidaros de leer aquí porcentajes de paro. No trabajo para el Financial Times y dudo que les gustara tenerme en su plantilla.
No sé si el IBEX sube o baja, ni maldita falta que me hace. Solo puedo hablar de guerras, muerte, miseria, destrucción, asesinatos, corrupción, muertos de hambre, de balas y machetazos, o lo que es lo mismo, el hijoputismo internacional y últimamente dadas las circunstancias también del nacional… del patrio si, de ese que campa por sus anchas de manera inmune, de ese que nos afecta a tí y a mí.
Ese hijoputismo cutre, de bandera nacional y pata negra, el de toda la vida. El que hace a los ricos más ricos y a los pobres más hambrientos.

Foto Reuters

Foto Reuters

Cuarenta años de dictadura no fueron suficientes para hacer de una población mayoritariamente oprimida un pueblo valiente que plante cara a aquel que lo exprime. No se ha dicho “Basta ya”, ni se dirá. España es un país sin orgullo, un país de acobardados, un país de desidia que se conforma con aquello que hay.
Somos muchos los que hace un tiempo decidimos agarrar la maleta y decir “ahí os quedais” en busca de oportunidades, en busca de aquello que ni los gobiernos ni los que decís hacer la revolución desde casa con el mando de la tele estais dispuestos a llevar a cabo. Señores, ésto es lo que hay, Jorge Javier Vázquez, nos quita las penas y nos hace más llevadera la penetración sin vaselina. Siempre hay un roto para un descosido.
Por menos he visto estallar un pueblo, por menos ha comenzado una revolución, por menos he visto a hombres y mujeres defender sus derechos, sus bienes y su dignidad.
No queremos violencia, hagamos el amor y no la guerra, dicen algunos hippies desfasados y sus retoños veinteañeros. Pues mirad John Lennones y Yoko Onos de chichinabo, mientras os dedicais a poner margaritas en los cañones de los fusiles, aquellos que des-gobiernan el país se están trajinando a tu prima, a tu vecino y a tí, mientras escuchas “Imagine” para inspirarte en eso de la Revolución pacifista, que por si no te has dado cuenta son dos palabras contradictorias.
La prensa europea se hace eco del hastío de la población española, de los tejemanejes institucionales y hasta Esperanza Aguirre hoy es más conocida en Glasgow que en el barrio de Salamanca por señalar la palabra “corralito”, acordaros de los argentinos y del precio que pagaron. Mientras tanto, cada uno a lo suyo, “qué lástima lo de los deshaucios, qué lástima lo del paro, lo de los jóvenes emigrantes, lo de los recortes…pon Telecinco”
Y así, mando a distancia en mano es como nos labramos un futuro más negro que las caras de los admirados mineros asturianos y leoneses. Todavía queda gente con orgullo y dignidad,  pena que solo salgan a la superficie de ciento en viento para dar ejemplo y buena muestra de lo que es la lucha. Quizá en España lo que faltan son más mineros y lo que sobran son idiotas.
Hoy tú, mañana yo. ¿Hasta cuándo?.

Eloy Alonso/Reuters

“Seguimos informando” pese a quien pese

“Seguimos informando ” es un título amenazante, de advertencia, de rotundidad y sobre todo de compromiso de todos aquellos “metaleros” del reporterismo, de culo inquieto y mochila presta para salir hacia el primer conflicto que se nos ponga a tiro, y nunca mejor dicho.
“Seguimos informando” es una llamada reivindicativa de la crónica pura y dura, transmitida desde la trinchera, en la línea del frente, una crónica que si se pudiera transmitiría además la adrenalina del momento, el polvo del lugar, el sudor de aquel que lo cuenta, el sonido de las armas y el grito de quienes componen la imagen del horror. Víctimas, verdugos y periodistas.

Periodistas venidos de fuera para contar guerras que no son suyas, metaleros con la cartera llena de vocación y vacía de dinero. Freelance valientes, profesionales, mordaces, irónicos y curtidos que se descojonan de los “madelman” con chaleco antibalas a medida y kevlar a juego, freelance de pata negra que no dejan de beber de la experiencia de aquellos que nos han dejado paso, los Ramón Lobo, Enrique Meneses, Gervasio Sánchez, Arturo Pérez-Reverte, Joserra Plaza etc, sin olvidar nunca que otros nos cedieron el puesto sin quererlo como Julio Anguita Parrado, Ricardo Ortega o Javier Couso.
“Seguimos informando” no es algo nuevo, son historias de reporteros, de esas que piden que cuentes cuando estás tomando una caña y lo único que pretendes es olvidar. Lo que lo hace diferente son los protagonistas, los escenarios, y la dificultad máxima a la que nos enfrentamos los reporteros freelance en una España en la que siempre ha sido complicado vender historias, y en la que ahora es sencillamente imposible.
Seguimos Informando ( Xabier Iglesias). Crowdfunding a través de Libros.com
Antonio Pampliega, Zigor Aldama, Mikel Ayestarán, Martín Aldalur, Alberto Arce…son algunos de los que prestan su voz a la tecla de Xabier Iglesias, quien supongo que harto de vernos jurar en hebreo día sí y día también por las redes sociales, ha decidido aglutinar varias reivindicaciones en un sólo volumen, ordenado y preciso, para que nadie tenga dificultad en leerlo y entenderlo, especialmente aquellos que ven la guerra desde los despachos y a los periodistas como números con los que hacer caja, aquellos que deciden si abrir la portada del diario con los montes nevados en Somosierra o con una matanza en Costa de Marfil reporteada por un profesional español que lleva apostado allí semanas esperando a la crónica o la foto de su vida, mientras ve como los emails que envía a los medios de su país ni siquiera le son contestados.
Es lo que tiene que los medios de comunicación sean gestionados por empresarios en vez de verdaderos profesionales del periodismo… afortunadamente son pocos y cobardes, puesto que nunca dan la cara salvo para conceder o concederse méritos. Lo bueno de andar por las guerras es que nunca te toparás con éstos tipos en un campo de refugiados o en una ofensiva rebelde, aunque a veces deseas que se den una vuelta para que vean el significado de la palabra trabajar.


“Seguimos informando” habla de nosotros, de los freelance, de los que nos vamos de vacaciones a Sudán por si hay material que fotear o teclear, habla de los que sentimos y vivimos el periodismo, de los que no sabemos hacer otra cosa, de los que somos bienvenidos en cualquier medio extranjero que compara nuestra labor con la de los grandes del oficio, habla de los contadores de historias, y de como cualquier atisbo de profesionalidad es noqueado y maltratado por aquellos que tienen que coger un vaso para trazar la “O” de “NO NOS INTERESA” .
A pesar de ello, Seguimos informando.

Para más información y si quieres colaborar en la publicación de “Seguimos informando” puedes encontrar la crowdfounding a traves de libros.com o en seguimosinformando.wordpress.com

Samuel y un bocado a la vida (II)

La última vez que hablé con él fué el pasado mes de agosto. No sé si recordareis a Samuel, el macarra de Abiyán, sus palabras hicieron que le dedicara unas breves líneas en éste humilde rincón que sabe poco de periodismo y mucho de guerras personales.
Me decía que le buscase un trabajo en España, debe de ser que las noticias sobre la crisis no llegan hasta Costa de Marfil, claro que la mayoría de las veces las historias marfileñas tampoco llegan hasta España. O simplemente se deba a que Samuel no sabe leer.
En su cháchara me hablaba de respeto, de convertirse en alguien digno y de su deseo de tener una novia bien dotada…los sueños de alguien que no ha conocido otra palabra que marginación y lucha por la supervivencia.
Hoy rememoro esa charla y si cierro los ojos parece que le estoy oyendo. Ese día maldije el haberle dado mi número de teléfono, mientras veía con impotencia que cualquier intento de ayuda por mi parte iba a resultar en vano.
Samuel es un gudari de la vida, no entiende de leyes que no vayan acompañadas de machete o fusil, de palabra de guerrillero y de tratos nunca escritos.
No entiendo qué demonios le hizo irse a Mali y meterse en historias con el (AQMI) Al Qaeda del Magreb Islámico , quizá le pasa como a nosotros, los reporteros,  que muchas veces no sabemos vivir sin estar metidos en nada que no suene a disparos, explosiones, muerte y destrucción. O quizá el único significado de dignidad que conoce es ese. Con 23 años y una vida tutelada por la calle y las guerrillas mucho más no se puede aprender. Me consta que no era su causa, y probablemente ni siquiera la haya llegado a entender.
Durante mi estancia en Costa de Marfil me convertí en su única amiga blanca, la mayoría de los que allí estábamos lo rehuían y pasaban mucho de sus discursos frívolos, fuera de contexto y en muchos casos cargados de obscenidad. No se daban cuenta de que  Samuel lo único que pretende es que alguien le dedique unos minutos y le ofrezca unos cigarrillos.
Hace un par de horas me he enterado de que Samuel murió hace unas semanas en el norte de Mali. Sigo hablando de él en presente porque ante mis ojos tengo la libreta en la que me anotó su supuesto apellido un día que se empeñó en hacerme aprender dialectos de la región y palabras soeces.  Realmente ni siquiera tenía apellido, se lo había inventado, me imagino que como aporte a esa dignidad que perseguía.
Solo espero que te hayas ido soñando con esa casa y esa novia pechugona, amigo, con la sonrisa de triunfador sin corona,  un pitillo entre los labios y con aquella foto que nos sacamos con tu móvil y que nunca sé si llegaste a guardar. Esta vez si que le has dado un bocado a la vida.